Hay historias que se miden en edificios y otras que se miden en generaciones. La de Grupo Colonias es de las segundas.
Comenzó en 1984, cuando un joven ingeniero decidió que en Panamá se podía vivir mejor. Cuatro décadas después, la sigue escribiendo su hijo, levantando una ciudad entera. Entre ambos hay más de mil viviendas, una forma de entender el oficio y una misma convicción: construir es, en el fondo, dar forma a cómo vive la gente.
Ing. Henry Faarup Mauad
Ingeniero civil por la Universidad de Texas en Austin, con un MBA de la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, que cursó en francés. Pero llevaba el comercio en la sangre —de niño trabajaba en los almacenes de la familia—, y la independencia no tardó: en 1984 fundó la empresa que marcaría su vida, Colonias de Panamá.
Su pasión por los bienes raíces nació de dos fuentes: su oficio de ingeniero y sus viajes, de los que volvía con ideas para que el panameño viviera mejor. De uno de esos viajes trajo una idea nueva para el país: la urbanización cerrada. Fue, también, socio fundador de Costa del Este.
Entre 2009 y 2014 sirvió como Embajador de Panamá en Francia, ante la UNESCO y Suiza. Volvió pensando en retirarse y jugar al golf. Lo que encontró, en cambio, fue una conversación con su hijo que lo devolvería al ruedo. Fiel a su mantra —“nunca hay que colgar los guantes”—, hoy es Secretario del proyecto del Ferrocarril Panamá–David, sin haber dejado nunca de trabajar mano a mano con la siguiente generación.
Regresé pensando en retirarme y jugar al golf. Y me encontré con mi hijo, lleno de energía, y conversábamos sobre nuevas ideas. Qué mejor para un padre que ver a sus hijos seguir su camino.
Henry Faarup Humbert
Economista por la Universidad de Texas en Austin, llegó al negocio familiar desde el venture capital y la escuela del value investing —Buffett, Munger, Naval—. De ahí toma la idea que lo guía: el interés compuesto, aplicado no solo al capital, sino a las ciudades. Lo llama “capital urbano paciente”: las mejores comunidades, como las mejores inversiones, se construyen con horizonte de décadas, no de trimestres.
El emprendimiento le viene de lejos: bisnieto de Federico Humbert Victoria, uno de los promotores de El Cangrejo, y de Juan B. Arias, fundador del Banco General. En 2014 asumió como CEO y, junto a su padre y a la familia Rojas Pardini, dio vida a Porta Norte. Apasionado de las ciudades caminables y del urbanismo “Solarpunk”, resume su misión sin rodeos: crear comunidades vibrantes, hechas para vivir bien.
El relevo que cambió la escala
Durante casi tres décadas, Colonias de Panamá fue sinónimo de hacer vivienda con criterio. Urbanizaciones cerradas pioneras —una de ellas, Fuente del Fresno, reconocida por la SPIA en 1998— y torres que marcaron el horizonte de Bella Vista y San Francisco. Más de mil hogares, casa por casa.
La historia dio un vuelco en 2014. El padre regresaba de Francia pensando en el retiro; el hijo volvía con energía e ideas nuevas. “Tras muchos argumentos e intercambios de opiniones, me convenció”, recuerda el fundador. De aquel reencuentro nació un relevo generacional y, con él, una nueva identidad: Colonias de Panamá se convirtió en Grupo Colonias.
El nuevo nombre fue también una nueva ambición. La empresa dejó de construir proyecto por proyecto para abrazar el modelo de Master Developer: ya no edificar casas dentro de una ciudad, sino crear la ciudad entera y su código de convivencia. Padre e hijo salieron a buscar un terreno para un solo edificio; volvieron con los planos de una ciudad de 260 hectáreas. Se llama Ciudad Porta Norte, y su filosofía es clara: del muro de la urbanización cerrada a la calle abierta y caminable del Nuevo Urbanismo.
Cuatro décadas, hito a hito
La historia sigue escribiéndose
De una urbanización de 66 casas a una ciudad caminable de 260 hectáreas. Te invitamos a conocer lo que estamos construyendo hoy.